Se caracteriza por tres síntomas principales, definidos en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V) de la Asociación Americana de Psiquiatría en su última edición y reconocidos internacionalmente: déficit de atención, hiperactividad e impulsividad.

Para concretar que se trata de un trastorno, la evaluación clínica de dichos síntomas debe ser muy exhaustiva, teniendo en cuenta la información dada por el niño tanto en entrevista como en cuestionarios y test específicos destinados a tal fin, así como la información aportada por los padres y profesores. Para establecer un buen diagnóstico, los síntomas mencionados deben darse con una frecuencia e intensidad mayor de lo habitual en niños de la misma edad y en diferentes contextos (casa, colegio, actividades extraescolares…), interfiriendo de forma significativa en sus relaciones familiares y sociales, actividades cotidianas y rendimiento escolar, y no deben ser causados por otro tipo de problemas psicológicos y/o físicos.

La base neurológica del trastorno se encuentra relacionada con un mal funcionamiento de determinadas áreas del cerebro, como la zona prefrontal o núcleo caudado, en las cuales se encuentran anomalías a dos niveles: químico, donde se ha observado una alteración en la actividad de dos neurotransmisores: dopamina (que regula la impulsividad e hiperactividad) y noradrenalina (problemas en la atención, motivación y aprendizaje de nuevas habilidades entre otras) (PANDAH, 2014); y a nivel estructural, con un menor volumen cerebral total, disminución de la corteza prefrontal derecha… (Faros, 2011).

A pesar de ser síntomas cotidianos y muy familiares en la mayoría de las personas, su periodicidad e intensidad generan en el afectado y su entorno serios problemas interfiriendo en gran
medida a su desarrollo normalizado.

En el caso del DÉFICIT DE ATENCIÓN las dificultades asociadas se traducen en las siguientes:

  • Los continuos despistes, pérdida de material y falta de concentración en la realización de tareas y juegos les llevan a cometer más errores y, por consiguiente, ver una menor competencia en sus capacidades y tener baja autoestima.
  • La incapacidad para atender a una conversación o seguir una serie de instrucciones les puede llevar a tener problemas a la hora de aprender conceptos teóricos, sentirse perdido en una situación concreta o a no ser bien aceptados en el grupo de iguales.
  • Su falta de organización y planificación del tiempo y las tareas también les ocasiona dificultades para acabar sus obligaciones en los plazos establecidos.
  • El esfuerzo mental que les ocasiona determinados trabajos genera que sean más lentos, que dejen las cosas para más adelante o que tiren la toalla fácilmente.

A nivel de HIPERACTIVIDAD E IMPULSIVIDAD, los síntomas característicos igualmente conllevan una serie de problemas:

  • Su movimiento continúo y la necesidad de estar constantemente haciendo algo puede generar ansiedad en su entorno y rechazo hacia el niño por no seguir las tareas o juego de forma estructurada y ordenada.
  • Su habla incontrolada, la interrupción del discurso de otras personas o la falta de
    espera ante conversaciones que no les motive pueden generar rechazo en otras personas.
  • La asunción de riesgos con determinadas conductas también puede ocasionar el que los demás no quieran relacionarse con él.